Hoy es como si nada hubiera sucedido... Tu recuerdo lejano volvió a mí en este atardecer gris de duro invierno. El día muere junto a tu esencia. Te desvaneces en el mar furioso de mi memoria.

Lo fuiste todo cuando yo no era nada. Sólo tu, sólo tu voz, sólo tus labios. El humo del tabaco se elevaba caprichoso jugando con tus manos. Recuerdo una tarde clara, y mi mirada llena de luz, como el cielo. Recuerdo una noche lluviosa, y tu cabello húmedo resbalando entre mis dedos. Mi memoria te idealiza... lo sé, y entonces caes hasta el suelo y chocas contra la dura realidad.
No sé que ha sido de tí. No quiero saberlo. No me importa, ni siquiera me importa que no me importe. Hoy ya no estás, ayer no estuviste, mañana no estarás. Han habido desde tí mil tardes claras y mil noches lluviosas. Otras fragancias, otros cabellos. Y te diluyes en la noche de mi memoria.
Como al despertar de un sueño, intento volver atrás mi pensamiento, intento hacerte presente aquí, ahora. Por un instante me permito preocuparme. Dónde estarás. Qué estarás haciendo. Qué habrá sido de tu vida... ni siquiera sé si estás viva. Ni siquiera quiero saberlo. Hoy eres una curiosidad, un dato lejano, un recuerdo borroso.
Sangre de mi memoria, entre las sombras alargadas del atardecer de mi consciencia, te difuminas. Sigo preguntándome si un día exististe, si fuiste real. No me dan miedo las preguntas, sino las respuestas.
Hoy sólo eres un rostro borroso, un sueño del que desperté. Un mensaje escrito con mi sangre en un rincón de mis pensamientos.