Blanco vida, negro muerte. Y entre la nieve blanca de muerte, árboles negros de vida. Mi vida, llena de muerte... como un viejo árbol caduco, yace cubierta de nieve.
En aquel camino eterno, apenas soy un punto en el infinito. Solitario. Rostro helado de invierno, cuerpo encogido. Me siento enormemente diminuto en aquel sendero nevado. Nada a mi alrededor, sólo blanca nieve y negros troncos... como un sueño en blanco y negro.
Rebelde de un destino que ya he escrito, siento que no puedo dar un paso más. El silencio es sobrecogedor, sólo interrumpido por mi respiración agitada... no puedo seguir huyendo de tí. Mis rodillas tocan el suelo, mi frente golpea la nieve con resignación. Mi cuerpo empapado de muerte blanca me suplica que no siga... me rindo a sus deseos mortecinos y el sueño anula mi mente. El último suspiro abandona mis labios morados con suavidad.
En el negro camino blanco reposa mi alma para siempre... Para siempre.
27 de febrero de 2006
Silencios de muerte
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Pau
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25 de febrero de 2006
Enchantment
Encantamiento en que sumerjo mi día vil de vida vacía. Y más vacía a cada instante... No sé qué hago aquí... la dureza gris de los días, telón rígido de mi memoria, cae a plomo, como mis párpados.
Lago encantado de mi pasado, los monstruos de las oscuras profundidades me miran en silencio, esperando que me acerque, que me deje llevar al fondo infinito. Y sobre la orilla, en aquel bosque oscuro, miro el agua negra en calma tensa, mientras mi valentía se abrasa de fuegos fatuos. Almas de condenados que me vigilan, un grito de desgarro desamparado que resuena en mi interior. Más gritos. Gritos de los hombres que aman la vida de la misma forma que yo amo la muerte... luchan por escapar del fuego infernal del lago negro.
¿Dónde van aquellos que mueren con su corazón arrugado por el miedo? Las preguntas asaltan mi mente y me obligan a dudar. Frente a frente con mi historia. Recuerdos que nunca cesan en su llanto de dolor ni en su alarido de locura. Quieren que me acerque, que me sumerja en su melancolía y arrastrarme al fondo de mi pasado... dormirme en el sueño de mi memoria para siempre.
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12 de febrero de 2006
In memoriam
Compartimos unos años de nuestra vida en forma de acampadas, marchas, risas, canciones y muchos buenos momentos. Noches inolvidables al calor del fuego, con la mirada perdida por el esfuerzo del día que, como tú, moría. Después desapareciste de nuestras vidas durante unos años. Y te reencontré hace uno o dos, convertida en novia de un amigo... ¿te acuerdas? Nos vimos y ni siquiera sabíamos quienes éramos... los años corren para todos.
Aquel diecinueve de diciembre lograbas, tras años de lucha, descansar. A tus diecisiete años nos abandonabas para siempre. Tu alegría y tu espítiru desenfadado se iban contigo... Quienes compartieron contigo esos últimos momentos no consiguen borrarte de sus ojos ni de su alma... yo no me he enterado hasta hoy, y con mal sabor de boca por todo este tiempo ajeno a tu partida, quiero decirte adiós.
Eres sólo mi segunda baja, la segunda persona que me recuerda con su partida que esto no es un juego... mi segundo momento de mirar al infinito y sentir que no voy a poder reprimir las lágrimas. Como tantas cosas que he querido, te me escapas de las manos. Y lo que más me duele, quizá sin saber que, por encima del tiempo que compartimos, dejas huella en mi vida, y que en ella permanecerás como la niña alegre que conocí.
¡Oh! Pensamiento inocente que ocultas dentro de mí
una oscura sombra de temor y confusión...
de pena y nostalgia en mi interior.
¡Oh! Que siempre estás presente aunque yo no lo
quiera, ni lo desee... simplemente vienes invadiendo
mis estados de ánimo.
Llegará el día en que la rabia que has de sentir
te inunde de una tempestad de la que no podrás
escapar.
Siento decirte “QUERIDA TRISTEZA” que esos
oscuros pensamientos quedarán sellados en el olvido
con la certeza de que ya no volverás.
Me esperan buenos momentos de felicidad merecidos,
mis esfuerzos se verán valorados, y yo como mujer que
soy, espero verlos cumplidos.
A las aladas rosas
del almendro de nata, te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
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Pau
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10 de febrero de 2006
Luces y sombras de soledades
En esta isla eterna de soledad, paro en seco frente al ocaso... me siento en el suelo y con mis ojos llorosos de tanta luz y de tanta oscuridad, puedo detener el reloj maldito y -por un instante eterno- hacerlo mío. Entonces vienes tú a mis pensamientos. Y también tú, aunque no lo creas... vienen todas esas personas maravillosas con las que comparto cada minuto de este tiempo que se me escapa.
En vuestras palabras, vuestros silencios, en vuestras miradas y en vuestros besos, hay un grito desgarrador de esperanza que me conmueve. Tal vez todo siga valiendo la pena. Tal vez todo pueda ser mágico cuando en soledad, me siento acompañado por vosotros.
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Pau
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