28 de abril de 2009

Yo también sueño con Jamaica

No voy a decir que era un fiel seguidor suyo porque mentiría, a la manera en que se hace en las despedidas dolorosas. Pero por algún motivo su despedida me ha impresionado, supongo que porque fue un hombre de verbo duro que se despidió con una sonrisa.

Hoy me he dado cuenta de que yo también sueño con Jamaica. O soñé con ella en el pasado. He querido recorrer sus playas y ver su mar, pero sobre todo he querido sentir la esperanza, he querido escuchar el murmullo de las voces sin gritos, he querido huir a donde el amanecer sea más claro y los días se pierdan entre el murmullo de las olas, lejos de lo naturalmente artificial.

Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.

Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.

Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.

Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.

Javier Ortiz Sueño con Jamaica