28 de noviembre de 2008

Una revolución

Temo ver llegar el día en que todo esto cambie dramáticamente para siempre. El avance tecnológico le lleva la delantera al intelectual desde hace demasiado tiempo. Y así, la historia de la humanidad se me asemeja a una descorazonadora lucha llena de oportunidades perdidas. Pudimos haber sido lo que el universo no podía siquiera atreverse a soñar. Todavía podríamos serlo.

Pero somos dramáticamente inerciales. Y así, preferimos seguir dejando que el alcohol consuma nuestro hígado y nuestra vida, dejar que alguien nos hiera cada día, dejar que nuestra alma se pudra, antes que simplemente cambiar. Cada segundo, las esperanzas del mundo se desvanecen. Cada segundo, esa increíble casualidad que fue la vida está más próxima de consumirse eternamente en el vacío del tiempo. Podíamos haber sido lo que hubiéramos querido. Y hemos querido ser esto. Hemos elegido matarnos entre nosotros en nombre de algo que ni siquiera existe. Hemos dejado nuestros destinos atados a las decisiones inconscientes de los miembros menos preparados de la sociedad.

El poder repugna a quienes deberían detentarlo. Y atrae a quienes en otras circunstancias no sobrevivirían. Una vez soñé con un mundo en donde la inteligencia fuera global. Donde todos constituyéramos una enorme red neuronal. Dicen que aún es posible, yo lo dudo. El hombre es un lobo para el hombre, pero porque al hombre le da la gana. Una vez soñé con un mundo donde todos decidíamos no ser lobos nunca más, sino hombres. Pero está escrito en nuestra naturaleza, y de la misma manera está escrito también en nuestro destino. Y sólo cambiaremos lo segundo en la medida en que seamos capaces de sobreponernos a lo primero.

Ahora temo que todo esto se esfume de una forma dramática. Temo levantarme un día con la noticia de que todo se ha acabado. Temo querer escapar y no saber a dónde. Y a veces querría escapar ahora que sí sé adónde ir. Y a veces sueño con hacer de mi vida algo totalmente distinto y liberarme de las ataduras que yo mismo me he impuesto. Lo puedo hacer. Es posible. Podría hacerlo mañana mismo.

Me iría lejos. A donde el clima fuera agradable y nadie me molestara. Y me haría una casa de madera, creo que sabría cómo hacerlo, o incluso podría comprarla. Podría vivir cómodamente. El calor y la luz se consigue haciendo fuego. El resto serían libros, tinta y papel. Y sería genial intentarlo. Y lo mejor –y lo peor– de todo es que puedo hacerlo. Realmente podría. No hay límites.

Pero como siempre, siento las ataduras invisibles que me sujetan a la rutina del hoy y mañana. Y me doy cuenta de que son las mismas que nos llevan silenciosamente a la destrucción. No es fácil cambiar. No es fácil ser revolucionario. Ni siquiera es fácil cambiar de compañía telefónica. Así que me planteo qué hacer. Si seguir la corriente o probar suerte. El mundo debería hacer lo mismo. Pero deprisa.

21 de noviembre de 2008

Revista

De repente me paré y miré a la revista: estaba acostumbrado a ella. Tanto que ni siquiera había reparado hasta hoy en que lleva en el mismo sitio desde que empecé a vivir aquí. Hoy me he dado cuenta de que es de 1998. Lleva 10 años en el mismo sitio.

Y sigo sin saber qué es eso de Pulp, ni quién es esa chica, ni nada. A veces pienso que las cosas tienen personalidad.

20 de noviembre de 2008

Enigmas

Están siendo unos días un tanto confusos, y creo que he estado demasiado inquieto y descentrado. Lo sé por la cantidad de correo saliente en los últimos días (es un buen indicador de que estoy inquieto) y por la cantidad de puntos y seguido por párrafo que escribo, que suele dar una medida muy buena de lo descentrado que estoy.

Arrastro un pequeño lío mental que me temo que no puedo compartir con nadie, y eso es precisamente lo que está siendo complicado. Sin embargo, empiezo a sentir que lo peor ha pasado. Al final muchas personas te ayudan sin querer hacerlo, aunque a veces pienso que son más conscientes que yo de lo que sucede. No sé qué pensar.

Supongo que todo esto resulta muy críptico, pero no quiero escribir más de lo que escribo. También existe la posibilidad de que todo esto resulte menos enigmático de lo que quisiera. A veces siento que algunas personas pueden leer lo que pasa en mi cabeza con más claridad que yo mismo, y me siento torpe y predecible. Me siento totalmente transparente, y veo a los demás totalmente opacos, lo que no le sienta muy bien a mi inseguridad.

Veo cosas que no quiero ver y valoro decisiones que no puedo tomar. Hoy he vuelto a sentirme solo, igual que al principio y por primera vez en mucho tiempo. Es una sensación que no me gusta nada, pero supongo que a veces es necesaria. Pensé que debía sentarme y ordenar mis ideas, pero ellas mismas se han ordenado solas en cuanto he suprimido el ruido de fondo. Definitivamente ahora lo veo todo más claro. Mañana será otro día.

19 de noviembre de 2008

Apartar el cableado

Esto es sobre caminos que se cruzan y se separan. Que se vuelven a cruzar y vuelven a separarse. Y está escrito deprisa.

1. Alguien comentaba habitualmente mis artículos en el otro lado en el que escribo. No sé si fui amable con él, tampoco me interesa saberlo ahora mismo.

2. El otro día llego al blog de un fumador de heroína que cuenta la historia de su adicción, y de cómo lo ha conseguido dejar. De cómo se ha dejado a si mismo por el camino. Una historia triste sobre la que varias personas han escrito en varios sitios.

3. Veo que la persona que escribe esa dura historia es el mismo que dejó algunos comentarios en mi (otro) blog hace tiempo.

Y pienso en cantidades. De bits circulando, de personas escribiendo, de sentimientos pasando por cables en centros de datos. Calculo probabilidades de volver a encontrar a alguien entre toda la maraña. Mientras yo seguía escribiendo, otra persona, a miles de kilómetros o quizás a pocos metros, emprendía un viaje más complicado. Nuestros caminos se separaban, adquirían rutas opuestas y enrevesadas. Y después volvían a cruzarse de la manera más casual, volviendo por arte de magia al principio. Tan grande y tan pequeño. Tan impersonal y tan íntimo.

No hay enlaces sino datos. Todo enlace deja rastro y me gusta que esto sea un secreto a la vista de todo el mundo, pero un secreto al fin y al cabo.

17 de noviembre de 2008

Atrapados en el ascensor

He aprovechado mi reciente visita a Santander para buscar y traerme en el ordenador algunas de las canciones que constituyen, en definitiva, la banda sonora de mi infancia.

Creo que esta es una de las mejores, y siento por ella un cariño especial porque de alguna manera me recuerda el momento de mi vida en que determinada elementa y yo empezamos a ser amigos, y eso me pone una sonrisa en los labios cada vez que la escucho. Eso y que la letra no tiene desperdicio. No sé si ella se acordará también, pero en cualquier caso no es lo que parece...

Una noche más te espero en el portal
fingiré de nuevo un encuentro casual.
Una de cal y otra de arena
esta noche, nena, haremos el amor
atrapados en el ascensor.

Atrapados en el ascensor
esta noche nena es para los dos,
atrapados en el ascensor.

No trates de alcanzar el timbre de alarma,
tu resistencia me desarma.
Tus padres no nos van a oír
les encerré en el montacargas,
hoy no puedes darme largas
hoy no podrás resistir.

Atrapados en el ascensor
esta noche nena es para los dos,
atrapados en el ascensor.

Sácame de una vez el codo de la boca
sabes que no me va el rollo masoca.
Deja de llamar a la portera,
contigo no hay manera
yo que puse toda mi ilusión
en esta violación.

Atrapados en el ascensor
esta noche nena es para los dos,
atrapados en el ascensor.

Un Pingüino en mi ascensorAtrapados en el ascensor

8 de noviembre de 2008

Helmántica

Hay días –una vez cada dos o tres años– en que me reconcilio con Salamanca. La verdad es que no tengo que caminar demasiado para encontrarme con esto...

... Y eso sí que es un regalo que reconozco que muchas veces no he sabido apreciar. En el fondo no se está tan mal aquí. Por eso creo que ha llegado el momento de irme.

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.

Fray Luis de León – Oda a la vida retirada