26 de noviembre de 2007

Se buscan nombres

He empezado a escribir un relato que con un poco de suerte será adaptado como cortometraje dentro de no mucho tiempo...

Publico esto porque me gustaría que me ayudaseis a elegir el nombre de los protagonistas, que es una de las tareas que más tiempo me llevan cuando empiezo a escribir. Bueno, el relato empieza así:

Sólo quedaba un cine en la zona antigua de aquella vieja ciudad del norte, superviviente exhausto de los nuevos centros comerciales, aferrado a un edificio de fachada sobria y sucia que se erguía con ese orgullo melancólico que sólo dan tiempos pasados.

A media altura un enorme cartel de letras de neón luchaba por mantenerse erguido bajo la lluvia y el viento del otoño. El azul intenso del rótulo iluminaba la calle entera, por donde dos sombras corrían bajo la tormenta, en busca de refugio.

Si queréis sugerirme algunos nombres para los dos protagonistas, sean del género que sean, podéis escribirlos en los comentarios de esta entrada... gracias a todos :-)

22 de noviembre de 2007

Everybody cries

When the day is long and the night, the night is yours alone,
When you're sure you've had enough of this life, well hang on.
Don't let yourself go, everybody cries and everybody hurts sometimes.

Sometimes everything is wrong. Now its time to sing along.
When your day is night alone, (hold on, hold on)
If you feel like letting go, (hold on)
When you think youve had too much of this life, well hang on.

Everybody hurts. take comfort in your friends.
Everybody hurts. dont throw your hand. oh, no. dont throw your hand.
If you feel like youre alone, no, no, no, you are not alone.

If you're on your own in this life, the days and nights are long,
When you think youve had too much of this life to hang on.

Well, everybody hurts sometimes,
Everybody cries. and everybody hurts sometimes.
And everybody hurts sometimes. So, hold on, hold on.
Hold on, hold on. hold on, hold on. hold on, hold on.
(everybody hurts. you are not alone.)

REM - Everybody hurts

18 de noviembre de 2007

Peste

No se vive mal con la peste negra, una vez te acostumbras a la inflamación de los ganglios. Cuesta un poco más respirar cuando estás acostado, y algunas noches te despiertas tosiendo y vomitando sangre. La temperatura corporal es también un pequeño contratiempo, aunque casi no lo notas gracias a las continuas convulsiones y ese dolor punzante que hace que aprietes los dientes hasta romperlos. No exagero, ayer se me partió uno así.

Cada noche me despierto gritando y llorando de miedo, aunque el doctor me comentó el otro día con gesto grave que sólo me quedan tres meses de vida. No deja de ser una buena noticia, sólo tres meses agonizando y todo habrá terminado para siempre...

Lo que peor llevo son esas manchas negras y azuladas de la cara y el pecho. Bueno, eso y que hace dos días se me han abierto las inflamaciones del cuello, de los brazos y de las ingles, y no paran de expulsar ese líquido pestilente y blanquecino.

La verdad es que me quedan fatal...

9 de noviembre de 2007

Abandono

¿Qué hago aquí? Apenas pude respirar el aire contaminado de la estación y ya me había sumergido de nuevo en el insomne ajetreo de la capital. Terminal, cercanías, metro. No tengo prisa, pero me contagio de la histeria colectiva y acabo caminando a toda velocidad, sin saber siquiera a dónde llevan mis pasos.

Las paradas se suceden con el ritmo acompasado de pasos que entran y salen del vagón. Sólo puedo pensar en mi parada. Salgo. Pasillos y más pasillos. Prisas. Empujones. Poco a poco me alejo de la línea más transitada y llego al enlace. Más pasillos. Miradas. Unos ojos negros se quedan fijos al pasar a mi lado y durante un segundo el tiempo se hace más espeso. Nuestros ojos se apartan para siempre. El pasillo no termina.

Otro vagón de metro. Todavía no he visto un rayo de sol desde que llegué. Sólo túneles y más túneles. Suciedad. Una rata muerta. Una espera impaciente. Miradas que se cruzan en el vagón. Por fin llego a la estación de ferrocarriles. Subo a la superficie y ya ha muerto la tarde. Los rascacielos rompen la oscuridad, apenas jirones de luz artificial que parecen flotar en el cielo. La noche ha vuelto a ser más rápida.

Un vagabundo se disculpa con modales impecables al tropezar conmigo. Me dejo caer en un banco. Y espero.

¿Qué hago aquí? me pregunto. Me asustan las respuestas. Entonces acuden a mi mente aquellos primeros años en lo único que pude considerar alguna vez mi ciudad. El mar. El viento. Los amigos que dejé atrás. Aquellas personas que creí que estarían siempre conmigo. La enorme herida que dejaron abierta. Ellos. Ella. Y ella.

Me pregunto qué hago en esta estación donde el dolor parece haber impregnado cada esquina, en esta ciudad desconocida y amenazadora por la que he pasado sin ni siquiera ver el sol. Esperando un tren que me llevará a otro lugar más odioso que el anterior.

Miro al infinito y no puedo evitar preguntarme qué hago aquí. No sé responderme. Tan lejos de todos, tan cerca de nada. Miro al suelo, incapaz de comprender por qué me he abandonado en esta sucia estación tan lejos de todos. Y tan lejos de mí.