Son ya muchos años, los suficientes para sentir que mi corazón se endurece y se tranquiliza al ritmo calmado que le marca la confianza que tiene en ti. Ya no te extraño ni sufro por tu ausencia, sino que disfruto de tu presencia cuando puedo, y el resto del tiempo me empeño en ser feliz. Viaje a viaje, día a día durante cuatro años, he dejado de verte como una posibilidad y comienzo a percibirte como un hecho.
No me preocupa haber perdido esa estúpida emoción de los primeros días porque sigo estremeciéndome al ver tu sonrisa y tus ojos alegres. Porque disfruto a tu lado, con lo que sé que siempre podrás darme: una palabra amable, un beso, tu complicidad.
Sólo espero que no cambies de esa manera absurda en la que muchos cambian. Que sigas siendo esencialmente la misma mucho tiempo, y que sigas teniendo la generosidad y la paciencia necesaria de compartir ese tiempo conmigo. Hace años me pregunté si todo esto valdría la pena. Hoy sé que la respuesta a esa pregunta era un sí.
Gracias por responderla por mí.
10 de enero de 2007
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Pau
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