19 de abril de 2007

En rojo y negro

Dos avances del Capítulo I del relato Rupes Nigra, que avanza a buen ritmo y que no voy a poder publicar aquí hasta que lo presente a los concursos de rigor.

Uno

Hacía varios días que navegábamos en aquella enorme fragata de casco rojo, rumbo al puerto noruego de Longyearbyen, último vestigio de tierra firme antes de la inmensa placa helada del ártico. Habían transcurrido ya varias semanas de navegación, y sólo en momentos como aquel podía refugiarme en la soledad de mi camarote y echar de menos cuanto había dejado atrás.

Y dos

Me situé a su lado, apoyado también en la barandilla y mirando al frente. Parecía un buen momento para fumar, y así lo hice. Allí permanecimos buena parte de la mañana contándonos nuestras vidas con una mezcla de nostalgia y alivio. Sin embargo, no acabábamos de ver tierra ni indicios de su cercanía. Por la tarde empeoró el tiempo y un capitán de semblante preocupado nos ordenó regresar a los camarotes. Allí permanecimos el resto de la tarde hasta que se nos ordenó a todos subir a la sala de reuniones. El mando de la nave quería comunicarnos algo.

Espero que os guste a todos :-)

17 de abril de 2007

La tierra

La verdad es que creo que es mi autor favorito.

Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.

Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.

Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.

Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.

... El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...

Blas de Otero