8 de diciembre de 2008

No morirá la flor de la palabra

Otros tiempos, otros problemas. Quizá las mismas palabras.

No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.

Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.

Manifiesto zapatista en Náhuatl

2 de diciembre de 2008

Más de lo que esperaba

Hace ya unas cuantas semanas, volviendo a casa en la madrugada de un viernes encontré una cartera tirada en la acera. No vi a nadie en las proximidades, y pensé que lo mejor sería entregarla en comisaría. Esa noche llegué a casa con la cartera en cuestión y la abrí en busca de documentación o algo parecido. Encontré un DNI entre unas cuantas tarjetas de salones de belleza, billetes de avión y otro montón de papeles. Una chica de mi edad, de Asturias. Decidí que devolvería todo en cuanto pudiera, pero me apunté sus datos con la idea de escribir una carta a su domicilio informando de que había encontrado aquella vieja cartera de piel.

A los pocos días lo entregué todo en comisaría y envié una carta a la interesada. Y hasta hoy no supe nada de ella. Hasta hoy. Acabo de encontrar en el buzón una carta con mi dirección escrita con letra de chica de mi edad, de Astudias, y con un remitente de dos calles más allá. Abro la carta mientras subo por las escaleras, pensando en que resulta triste que alguien que vive a escasos metros gaste 31 céntimos en no verte. Convenciones sociales, me digo. Eres un romántico. Saco la carta del sobre, esperando encontrar una nota de agradecimiento o algo similar.

En su lugar aparece una lista de tareas pendientes. Cumplir a rajatabla, pone en un margen. Una lista de equipajes. Una lista de ropa que ponerse cada día de la semana. Hay gente que es, a su manera, mucho más cuadriculada que yo... Más listas. Una dieta semanal. Domingo: sopa. Lunes: puré verde... jueves: nada. Una palabra resuena en mi mente. Nadie debería pasar hambre voluntariamente.

Me siento mal. Alguien, probablemente, se ha equivocado de papel... quizás por haber dejado de comer, pienso en silencio, mientras me quedo mirando la lista, pensando en qué hacer con ella. A dos calles. Pienso en devolverla por correo, sin remite y sin explicaciones, pero me parece excesivo. Ya he recuperado demasiadas pertenencias de la misma persona. A dos calles. Me encuentro presa de las mismas convenciones. Incluso 31 céntimos me parece demasiada cercanía en este momento. A dos calles. No quiero devolver esta carta. Puedo sentir la vergüenza que no me pertenece. No.

La miro despacio. Y decido guardarla, junto a las demás. Junto a aquella amistad de años, junto a aquella poesía, junto a aquella ruptura. Tu agradecimiento es una lista de tareas que me deja con demasiadas preguntas. No pasa nada. Está bien así, de verdad. Es más de lo que escribieron otras. Es más de lo que podía esperar.

Cierro el cajón. La próxima vez escribiré mi dirección de correo electrónico...

28 de noviembre de 2008

Una revolución

Temo ver llegar el día en que todo esto cambie dramáticamente para siempre. El avance tecnológico le lleva la delantera al intelectual desde hace demasiado tiempo. Y así, la historia de la humanidad se me asemeja a una descorazonadora lucha llena de oportunidades perdidas. Pudimos haber sido lo que el universo no podía siquiera atreverse a soñar. Todavía podríamos serlo.

Pero somos dramáticamente inerciales. Y así, preferimos seguir dejando que el alcohol consuma nuestro hígado y nuestra vida, dejar que alguien nos hiera cada día, dejar que nuestra alma se pudra, antes que simplemente cambiar. Cada segundo, las esperanzas del mundo se desvanecen. Cada segundo, esa increíble casualidad que fue la vida está más próxima de consumirse eternamente en el vacío del tiempo. Podíamos haber sido lo que hubiéramos querido. Y hemos querido ser esto. Hemos elegido matarnos entre nosotros en nombre de algo que ni siquiera existe. Hemos dejado nuestros destinos atados a las decisiones inconscientes de los miembros menos preparados de la sociedad.

El poder repugna a quienes deberían detentarlo. Y atrae a quienes en otras circunstancias no sobrevivirían. Una vez soñé con un mundo en donde la inteligencia fuera global. Donde todos constituyéramos una enorme red neuronal. Dicen que aún es posible, yo lo dudo. El hombre es un lobo para el hombre, pero porque al hombre le da la gana. Una vez soñé con un mundo donde todos decidíamos no ser lobos nunca más, sino hombres. Pero está escrito en nuestra naturaleza, y de la misma manera está escrito también en nuestro destino. Y sólo cambiaremos lo segundo en la medida en que seamos capaces de sobreponernos a lo primero.

Ahora temo que todo esto se esfume de una forma dramática. Temo levantarme un día con la noticia de que todo se ha acabado. Temo querer escapar y no saber a dónde. Y a veces querría escapar ahora que sí sé adónde ir. Y a veces sueño con hacer de mi vida algo totalmente distinto y liberarme de las ataduras que yo mismo me he impuesto. Lo puedo hacer. Es posible. Podría hacerlo mañana mismo.

Me iría lejos. A donde el clima fuera agradable y nadie me molestara. Y me haría una casa de madera, creo que sabría cómo hacerlo, o incluso podría comprarla. Podría vivir cómodamente. El calor y la luz se consigue haciendo fuego. El resto serían libros, tinta y papel. Y sería genial intentarlo. Y lo mejor –y lo peor– de todo es que puedo hacerlo. Realmente podría. No hay límites.

Pero como siempre, siento las ataduras invisibles que me sujetan a la rutina del hoy y mañana. Y me doy cuenta de que son las mismas que nos llevan silenciosamente a la destrucción. No es fácil cambiar. No es fácil ser revolucionario. Ni siquiera es fácil cambiar de compañía telefónica. Así que me planteo qué hacer. Si seguir la corriente o probar suerte. El mundo debería hacer lo mismo. Pero deprisa.

21 de noviembre de 2008

Revista

De repente me paré y miré a la revista: estaba acostumbrado a ella. Tanto que ni siquiera había reparado hasta hoy en que lleva en el mismo sitio desde que empecé a vivir aquí. Hoy me he dado cuenta de que es de 1998. Lleva 10 años en el mismo sitio.

Y sigo sin saber qué es eso de Pulp, ni quién es esa chica, ni nada. A veces pienso que las cosas tienen personalidad.

20 de noviembre de 2008

Enigmas

Están siendo unos días un tanto confusos, y creo que he estado demasiado inquieto y descentrado. Lo sé por la cantidad de correo saliente en los últimos días (es un buen indicador de que estoy inquieto) y por la cantidad de puntos y seguido por párrafo que escribo, que suele dar una medida muy buena de lo descentrado que estoy.

Arrastro un pequeño lío mental que me temo que no puedo compartir con nadie, y eso es precisamente lo que está siendo complicado. Sin embargo, empiezo a sentir que lo peor ha pasado. Al final muchas personas te ayudan sin querer hacerlo, aunque a veces pienso que son más conscientes que yo de lo que sucede. No sé qué pensar.

Supongo que todo esto resulta muy críptico, pero no quiero escribir más de lo que escribo. También existe la posibilidad de que todo esto resulte menos enigmático de lo que quisiera. A veces siento que algunas personas pueden leer lo que pasa en mi cabeza con más claridad que yo mismo, y me siento torpe y predecible. Me siento totalmente transparente, y veo a los demás totalmente opacos, lo que no le sienta muy bien a mi inseguridad.

Veo cosas que no quiero ver y valoro decisiones que no puedo tomar. Hoy he vuelto a sentirme solo, igual que al principio y por primera vez en mucho tiempo. Es una sensación que no me gusta nada, pero supongo que a veces es necesaria. Pensé que debía sentarme y ordenar mis ideas, pero ellas mismas se han ordenado solas en cuanto he suprimido el ruido de fondo. Definitivamente ahora lo veo todo más claro. Mañana será otro día.

19 de noviembre de 2008

Apartar el cableado

Esto es sobre caminos que se cruzan y se separan. Que se vuelven a cruzar y vuelven a separarse. Y está escrito deprisa.

1. Alguien comentaba habitualmente mis artículos en el otro lado en el que escribo. No sé si fui amable con él, tampoco me interesa saberlo ahora mismo.

2. El otro día llego al blog de un fumador de heroína que cuenta la historia de su adicción, y de cómo lo ha conseguido dejar. De cómo se ha dejado a si mismo por el camino. Una historia triste sobre la que varias personas han escrito en varios sitios.

3. Veo que la persona que escribe esa dura historia es el mismo que dejó algunos comentarios en mi (otro) blog hace tiempo.

Y pienso en cantidades. De bits circulando, de personas escribiendo, de sentimientos pasando por cables en centros de datos. Calculo probabilidades de volver a encontrar a alguien entre toda la maraña. Mientras yo seguía escribiendo, otra persona, a miles de kilómetros o quizás a pocos metros, emprendía un viaje más complicado. Nuestros caminos se separaban, adquirían rutas opuestas y enrevesadas. Y después volvían a cruzarse de la manera más casual, volviendo por arte de magia al principio. Tan grande y tan pequeño. Tan impersonal y tan íntimo.

No hay enlaces sino datos. Todo enlace deja rastro y me gusta que esto sea un secreto a la vista de todo el mundo, pero un secreto al fin y al cabo.

17 de noviembre de 2008

Atrapados en el ascensor

He aprovechado mi reciente visita a Santander para buscar y traerme en el ordenador algunas de las canciones que constituyen, en definitiva, la banda sonora de mi infancia.

Creo que esta es una de las mejores, y siento por ella un cariño especial porque de alguna manera me recuerda el momento de mi vida en que determinada elementa y yo empezamos a ser amigos, y eso me pone una sonrisa en los labios cada vez que la escucho. Eso y que la letra no tiene desperdicio. No sé si ella se acordará también, pero en cualquier caso no es lo que parece...

Una noche más te espero en el portal
fingiré de nuevo un encuentro casual.
Una de cal y otra de arena
esta noche, nena, haremos el amor
atrapados en el ascensor.

Atrapados en el ascensor
esta noche nena es para los dos,
atrapados en el ascensor.

No trates de alcanzar el timbre de alarma,
tu resistencia me desarma.
Tus padres no nos van a oír
les encerré en el montacargas,
hoy no puedes darme largas
hoy no podrás resistir.

Atrapados en el ascensor
esta noche nena es para los dos,
atrapados en el ascensor.

Sácame de una vez el codo de la boca
sabes que no me va el rollo masoca.
Deja de llamar a la portera,
contigo no hay manera
yo que puse toda mi ilusión
en esta violación.

Atrapados en el ascensor
esta noche nena es para los dos,
atrapados en el ascensor.

Un Pingüino en mi ascensorAtrapados en el ascensor

8 de noviembre de 2008

Helmántica

Hay días –una vez cada dos o tres años– en que me reconcilio con Salamanca. La verdad es que no tengo que caminar demasiado para encontrarme con esto...

... Y eso sí que es un regalo que reconozco que muchas veces no he sabido apreciar. En el fondo no se está tan mal aquí. Por eso creo que ha llegado el momento de irme.

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.

Fray Luis de León – Oda a la vida retirada

26 de octubre de 2008

Léo Ferré

Léo Ferré [fr] falleció en 1993, cuando yo ni siquiera sabía quién era. Creo recordar que aquel día mi padre estuvo muy triste, pero para mí la voz que se apagó sólo era un murmullo ininteligible y triste que había que sufrir de vez en cuando.

Pasaron años hasta que recordé aquel disco y decidí volver a escucharlo. Hoy considero que es uno de los mejores artistas que ha dado el mundo. Sin embargo, casi nadie se acuerda ya de Ferré. Sus primeras canciones destilan optimismo y acidez, y poco a poco su estilo fue volviéndose más melancólico y triste, hasta hacerse áspero, duro de escuchar, duro de comprender y duro de aceptar.

Su obra es un anacronismo cada vez mayor en un mundo cada vez más simple e imbécil. Sacude, critica, llora, muerde. Como el perro que decía ser.

De todas sus canciones, la que me hizo engancharme a él fue "Pépée" (abuelo), un poema que no me atrevería a describir en pocas palabras y que me resulta muy evocador, aunque no sabría decir por qué. Aquí puede encontrarse la letra original, y más abajo me he tomado la libertad de traducirla, con mis lógicas limitaciones. Hay algunas notas al pie sobre la traducción, por si a alguien le interesan.

Tenías las manos como raquetas,
abuelo (1)
Y cuando te hacía las uñas
veía flores en tu barba
tenías las orejas de Gainsbourg.
Pero tú nunca tenías suficiente whisky (2)
para ondular la noche
mientras que ellos... pues... sí...
abuelo

Tenías los ojos como tragaluces,
abuelo
como los que se ven en el puerto de Anvers
cuando las mañanas tienen el alma verde.
Y te faltaron ojos de repuesto
para contemplar la noche de los otros
como contemplaríamos un chimpancé
en casa de los Ferré
abuelo

Tenías el corazón como un tambor
abuelo
de esos que velábamos (3) el viernes santo
hacia las tres de la tarde
para ver a Jesucristo (4)
soplar sobre sus treinta y tres velas
mientras que tú no tuviste más que ocho
el siete de abril
del sesenta y ocho
abuelo

Quisiera tener las manos de la muerte
abuelo
Y además los ojos y además el corazón
e ir a dormir a tu casa...
eso no cambiaría mi situación (5)
siempre nos acostamos con los muertos
siempre nos acostamos con los muertos
siempre nos acostamos con los muertos
abuelo
abuelo

Léo Ferré – Pépée

De todos modos tampoco me quedaría con ella como algo representativo. "La mémoire et la mer", por ejemplo, me parece una obra maestra. Aquí dejo un fragmento:


Y por último aquí dejo algunas aclaraciones sobre la traducción, por si a alguien le sirven:

(1) Pépée se suele usar en un contexto familiar, así que quizás fuera más adecuado traducirlo como "abuelito", pero queda demasiado cursi.
(2) "Mais toi t'avais pas besoin d'scotch" en el original. En el lenguaje popular "el escocés" es el whisky.
(3) "De ceux qu'on voil' le vendredi saint" en el original. Se refiere a colocar un velo sobre el tambor. Esta acepción también está admitida para "velar", por eso lo traduzco así.
(4) "Jésus-machin", una especie de metáfora o juego de palabras, no lo entiendo muy bien.
(5) "Ça chang'rait rien à mon décor" en el original. "Décor" significa decorado, pero en sentido figurado, "changement de décor" viene a ser un cambio de situación.

24 de septiembre de 2008

Y sin embargo

Sin que sirva de precedente. Palabra por palabra. Te has ido hace seis horas y ya no puedo soportar la pesada losa de tu ausencia...

De sobras sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.

[...]

Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.

Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.

[...]

Joaquín Sabina – Y sin embargo

12 de julio de 2008

Lo siento

Esta noche quiero escribir. Para matar el tiempo y no sentir que siento que todo me sienta mal, cuando me siento en una mesa con una copa entre las manos. Para matar la espera vacua que me separa de su voz, que me separa del sueño que me separe de este día de sentimientos separados, de alcoholes que se separan en el vaso mientras me siento a esperar que me separen del día. Igual que tu voz...

Escribo esperando volver a sentir ese llanto ahogado que se asoma a mis ojos y a mi garganta, y que siempre llega puntual a pedirme que me siente a escribir –lo he llamado inspiración– para separarme de la vida. Me siento en la cama y siento que recupero lo que quizás un día fue mío, separado de mi por setecientos folios de un junio maldito que quiso apartarme de mí mismo. Y que no lo ha conseguido.

Escribo pensando en la suerte que he tenido por no haberme separado de ellos. Ni de ellas. Pienso en cada uno, lo siento. Y sé que de alguna manera soy un poco de todos ellos. Por separado. Sentir y separarse. Aún no he hecho otra cosa que sentir y separarme. De ellos –y lo siento–.

10 de julio de 2008

No hay nada que oír

Balanceo mi cabeza mientras veo la ciudad pasar a mi lado, tras mi reflejo oscuro en el cristal del autobús, al ritmo que le impone el sonido de mis auriculares. Alguien me observa en la distancia, como si el movimiento de mi cabeza estuviera asintiendo una sospecha triste. Confirmación lenta y cadente de un pensamiento pesimista.

Estoy solo. La música me aísla. Impone un silencioso muro entre los otros y yo. Quien me observa lo sabe, y lo ha escrito. Y ahora me mira con un gesto triste.

Pero no hay nada que oír. Una conversación estúpida. Gritos. Un llanto. El rumor incesante de la circulación. Día tras día, durante años, he soportado la invasión del ruido ajeno, su violación. Pedazos de conversaciones, gritos de los que soy daño colateral, sólo por estar donde no debo. Llantos que no puedo, que no quiero, que no debo reconfortar.

No hay nada que oír. Ya nadie tiene nada que decir. Y ya no quiero escuchar lo que no quieren decirme.

6 de julio de 2008

La bandera

Tan grande como de costumbre...

Dirán algunos que, tal y como anda el asunto, podríamos mandar a tomar por saco ese viejo trapo y hacer uno distinto. Al fin y al cabo sólo existe desde hace dos siglos y medio. Podríamos encargarle una bandera nueva, más actual, a Mariscal, a Alberto Corazón o a Victorio o a Lucchino. O a todos juntos. Pero es que iba a dar igual. Tendríamos las mismas aunque pusiéramos una de color rosa con un mechero Bic, un arpa y la niña de los Simpson en el centro; y en las carreteras, el borreguito de Norit en vez del Toro de Osborne. El problema no es la bandera, ni el toro, sino la puta que nos parió. A todos nosotros. A los ciudadanos de este país de mierda.

Arturo Pérez–Reverte

3 de julio de 2008

451

Un tren y Fahrenheit 451 entre mis manos. Creo que nunca me cansaré de releer este libro, impregnado de melancolía en cada una de sus páginas. Mi mirada triste se pierde entre las ventanas del vagón. Por un momento, temo ver el libro consumiéndose en las llamas de algún día no muy lejano. Y lo aprieto fuerte contra mi pecho.

Usted no es como los demás. He visto a unos cuantos. Lo sé. Cuando hablo, usted me mira. Anoche, cuando dije algo sobre la luna, usted la miró. Los otros nunca harían eso. Los otros se alejarían, dejándome con la palabra en la boca. O me amenazarían. Nadie tiene ya tiempo para nadie.

Ray Bradbury – Fahrenheit 451

29 de junio de 2008

Levedad

Quiero ver el mar...

Nunca cesa la matraca de motores,
noche y día pasan coches atronando
en su estela por la avenida abajo.
Abajo, paraguas de fantasmales luces.
Son los árboles grasientos de monóxido,
y esa lluvia filtrada que no limpia la ciudad.
Abajo, en el portal, veteranos
de una vida de sin sabores
duermen asidos a la botella
como para no caerse cuesta abajo.

Manolo García – Somos levedad

14 de junio de 2008

Hambre

Está siendo la banda sonora de este mes de junio, progresivamente agonizante y progresivamente absurdo. Empiezo a tener ganas de verdad de terminar y marcharme a respirar otro aire, a beber otra agua y a ver otras caras.

Es Hunger Strike, de Temple Of The Dog, y una de mis canciones favoritas...

I don't mind stealing bread
From the mouths of decadence
But I can't feed on the powerless
When my cup's already overfilled,
But it's on the table
The fire is cooking
And they're farming babies
While slaves are working
Blood is on the table
And the mouths are choking
But I'm growing hungry

I don't mind stealing bread
From the mouths of decadence
But I can't feed on the powerless
When my cup's already overfilled
But it's on the table
The fires cooking
And they're farming babies
While the slaves are all working
And it's on the table
The mouths are choking
But I'm growing hungry
I'm going hungry

Temple Of The Dog – Hunger Strike

18 de mayo de 2008

Fotografiando

El sábado me decidí a comprar una cámara fotográfica decente, y esta tarde me di una pequeña vuelta, sobre todo con la intención de empezar a probar el invento. Al final he acabado abriendo una cuenta en flickr donde he dejado algunas de las fotos que se han salvado de hoy (también he añadido una lista de las más recientes en la barra lateral, por cierto).

Esta foto viene con aparición fantasmal incluida. Esto es para que digáis que sólo escribo aquí cuando estoy depresivo :-P. Y bueno, lo dejo aquí que voy a perder la imagen de romántico eternamente triste y solitario.

7 de mayo de 2008

Tragedia

El que no gosava fer era esclatar a plorar i dir-li que era ben injust no poder comanar a voluntat aquell tros de carn arrugat que, en principi, era tan seu com el braç dret, el braç esquerre, la cama dreta o la cama esquerra. I si els braços i les cames els podia fer anar amunt i avall com volia i quan volia, per què no podia fer el mateix amb el membre? Per què no tindria un os, com havia sentit a dir que l'hi tenien els goril·les, els catxalots o els lleons? [...] Quil'hi havia robat? En la sitació actual, el tal tros de carn arrugat era tan poc seu que creure que li pertanyia era una fantasia sense fonaments. A qui pertanyia, doncs? A Déu? [...] Déu era un cínic gras, amb la cara botida i barba de dos dies, immensament avorrit.

Quim Monzó – La magnitud de la tragèdia

23 de abril de 2008

Have you ever seen the rain

A veces llueve en días soleados. A veces sale el sol en días lluviosos. Últimamente se alternan igual que en el trocito de cielo que veo desde mi habitación. Anoche las lágrimas se querían asomar por mis ojos, quizás por el humo, quizás por la melancolía... sólo eché en falta unos brazos y unos labios para dejar que se perdieran en la sombra de ese pequeño teatro del centro.

Someone told me long ago, there's a calm before the storm.
I know, and it's been comin' for some time.
When it's over, so they say, it'll rain a sunny day.
I know, shinin' down like water.

I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
comin' down on a sunny day?

Yesterday, and days before, sun is cold and rain is hard.
I know, been that way for all my time.
'Til forever on it goes through the circle fast and slow,
I know, and it can't stop, I wonder.

I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
comin' down on a sunny day?

John C. Fogerty – Have You Ever Seen The Rain

18 de marzo de 2008

Desde el tren

Aquí el mar se funde en paz con la tierra, en la caricia ondulante y eterna. Tal parece que sea siempre la misma ola la que acaricia, seduce y rodea los suaves acantilados con sus brazos tranquilos.

En el infinito se funden los azules y se intuyen los confines de este mar tranquilo de aguas que mecen en vez de romper, que no braman sino susurran, rendidas al abrazo cálido de la roca milenaria.

2 de marzo de 2008

Espacios en blanco

Aquella noche me acosté escudriñando en busca de respuestas las formas caprichosas del corcho de la pared, teñidas de la luz amarilla de la ciudad insomne entrando por mi ventana, abierta de par en par en la madrugada eterna del verano.

Imposible conciliar el sueño bajo el sol abrasador de la noche. Mi piel ardía y la breve brisa venía a consolarla a intervalos cada vez más largos. El cuerpo cansado inmóvil, extendido sobre la cama. La mente inquieta seguía buscando las respuestas vacías de las sombras. Sed que no puede ser saciada.

Solo y perdido, sintiendo cómo mi consciencia se desliza por un invisible agujero negro en mi cabeza cada vez que intento imaginar mi muerte. Recordando cómo escribí hace unos años aquello de "qué difícil resulta comprender la eternidad a un ser hecho de tiempo". Quemándome una y otra vez con la cerilla –a punto de consumirse– que me recuerda que mis días vuelan, que quizás esté ya más cerca el final que el principio.

Supongo que fue aquella noche, esa madrugada agobiante, cuando algo se rompió en mi interior, y al dirigirme a mi dios sólo pude sentir el eco de mi propia voz retumbando en mi mente... Fue aquella noche cuando me sentí solo por primera vez.

Quizás cada vez era más difícil creer. La razón avanzaba rápido en mi mente dándome respuestas, haciendo retroceder a mi dios de los espacios en blanco. Arrinconado, confuso entre las sombras del corcho de mi habitación, su voz se perdió para siempre en la noche. Y nunca más pude volver a escucharla.

Qué duro es sentarse ante uno mismo y mirarse a los ojos sin miedo, dispuesto a llegar hasta el final. Qué duro es asumir el abismo insalvable como parte del injusto contrato de la existencia. Qué duro es bajar la mirada, encogerse de hombros en la noche y empezar a desmontar toda tu vida, pieza a pieza, para volver a empezar desde el principio. Quemar los libros de la infancia, romper con uno mismo con lágrimas en los ojos.

Pero por primera vez sentí que todo encajaba, que podía estar de acuerdo conmigo mismo, que podía seguir mirándome a los ojos para siempre. Sólo entonces pude conciliar el sueño.

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero – Hombre

23 de febrero de 2008

...?

Y me dejas en este mar de incertidumbres, confuso y desorientado. Las preguntas se agolpan sin respuesta cada vez que pienso en ti... –pones en mi ojos un interrogante melancólico–.

No saber qué pasa por tu mente, qué piensas cuando te quedas sola, qué sientes cuando me recuerdas. Si es que me recuerdas. Ser incapaz de crear la más mínima idea sobre lo que sientes por mí, sin tan siquiera saber si sientes algo.

Las preguntas se agolpan junto a los recuerdos. No puedo entender qué ha pasado, qué ha cambiado, qué no ha cambiado, qué no ha pasado. Quiero preguntarte, intentar romper la incertidumbre, dejar de sentir ese vuelco en el estómago cada vez que tu nombre viene a mí. Pero no puedo.

Y mi condena es esperar y esperarte, aguardar contando los días, por el momento de intentar recuperar todo lo que un día fue pero que quizá ya no es. Sin poder hablarte de ello. En silencio. Escuchando tu risa por el teléfono, dejándome llevar en el eco de tu voz, guardando para mí esa duda que me quema por dentro como ácido cada segundo que la retengo, preguntándome porqué todo ha de ser tan complicado. Golpeando con los puños el muro que se interpone entre nuestras almas.

Maldiciéndome y maldiciéndote. Preguntando al reflejo de tus ojos en la luna si todavía me quieres.

31 de enero de 2008

Ángel

Te nos fuiste, Ángel, hace apenas un suspiro. Y todavía me maldigo por haberte descubierto tan tarde...

En fin... esta es otra de las cosas que me habría gustado ser capaz de escribir...

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan,
es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

Ángel González - Me basta así

23 de enero de 2008

Sonidos

De vez en cuando surge una canción, un mínimo fragmento, una gota en el mar que te hace sentir identificado. Que hace que tus sentimientos broten con la misma facilidad de las lágrimas. Que hace que se te erice el pelo embargado por la emoción de sentir que en algún lugar del mundo alguien te comprende. Que hay dos personas contemplando la misma luna pensando en su soledad con idénticas ansias.

Quiero cerrar esta breve reflexión con los versos que la han inspirado. Esa poesía, ese mensaje crudo y profundo me ha llegado al corazón. Y quería compartirla con vosotros...

Tenemo pinta de mashote
con el pesho lleno de pelo
y un peazo de paquete y un peazo de bigote
pero a la hora de meterno en la cama
nos guhta que nos espachurren la almorrana

Mojinos Escozíos – Soy Guay

Nota: Os aconsejo que no os esforcéis en buscar explicación a esta entrada, que por otra parte, creo que acaba de marcar el punto definitivo en la decadencia de este blog.

15 de enero de 2008

Invierno

Caminar bajo la cortina de lluvia de la vieja ciudad. Mirar al infinito del mar furioso en su inmensidad. Sentir el viento atravesarme con mil silbidos, hacerme temblar. Sentir haber escapado de lo obvio.

El calor de ese séptimo piso azotado por el nordeste. La lluvia chocando contra los cristales, con ese sonido que nunca sacaré de mi mente. El calor. El suelo de madera. El invierno siempre estuvo empañado de ese juego de contrastes, del frío de la calle y del calor de lo que fue mi hogar. Un abrigo ligero –nunca hizo demasiado frío–, un paraguas, y volver con una sonrisa entumecida en los labios.

No sé si esto cambió, supongo que también. Ahora apenas hay sonrisas a lo largo de estos días que se me escapan, siempre oscuros. Ese azote congelado y abrasador que saluda cada mañana como una losa inabarcable. Ese frío suelo de baldosas desiguales por donde el sol resbala apenas media hora, cada día a las doce en punto. Los muros azotados por la lluvia. El abrigo de invierno para salir si no queda más remedio. Los guantes. El viento que se clava como mil cuchillos. La ventana que no se abre porque está congelada.

Necesito sitios nuevos en los que morirme del asco. Este lo tengo muy visto.