24 de agosto de 2007

Sin palabras

Mi problema con las palabras es que siempre se me quedan cortas. No puedo evitar sentir que cuando hablo, los sonidos que escapan de mis labios son una estúpida caricatura, una mala copia de lo que hay en mi. Y temo que esa mala copia sea la que recuerde, que esa expresión limitada sea lo que de verdad llegue a los demás. Supongo que por eso a veces me quedo callado y mirando a ninguna parte, con una sonrisa resignada en la boca. Supongo que el problema no es tanto de las palabras como mío. En cualquier caso tiene mal remedio.

Así que después de todo, no es mala idea dejar que otro hable por ti cuando te quedas sin palabra. Quizás alguien puede encontrar en un libro las palabras que no has sabido dedicarle.

...

No es por esto en concreto, de hecho creo que es sólo una excusa. Es por todo. Por un montón de años, por el último mes. Por tirar de mí y sacarme a la fuerza de mi propio callejón sin salida. Por la paciencia. Por tener siempre un momento. Por un millón de cosas. Por todo y por nada. Me quedo otra vez sin palabras...

Bueno... tú lo sabes y yo lo sé.

15 de agosto de 2007

El sueño de la razón produce monstruos

Menos mal que anoche la mía recibió una buena dosis de cafeína.

Creo que nunca seré capaz de decirte a la cara lo agradecido que te estoy, así tendrás que conformarte con esto...