«Su alarido rasgó la pesadilla y la atravesó, hasta hacerse realidad.» Pensé que aquel punto significaba mucho para él y muy poco para mí. Levanté la vista cansada de la pantalla del ordenador... el cursor parpadeaba exigiéndome que continuara... Pensé que otro café me sería de cierta ayuda.
Vivía completamente solo en aquella casa oscura... No añoraba la compañía de nadie. El sentirme solitario me volvía en cierto modo más sensible a lo que acontecía a mi alrededor. La noche anterior habían vuelto las pesadillas... me había despertado varias veces empapado en un sudor gélido. Un escalofrío que no quería abandonarme atenazaba mi cuello...
Por eso no quería acostarme. Me aterrorizaban los monstruos de mis pesadillas. Los que me hacían gritar y los que hacían llorar. Me veía corriendo entre lápidas, en un oscuro cementerio... de repente, tropezaba y daba con la cara en la tierra... Al levantar la cabeza, veía ante mis ojos una lápida de mármol negro con mi nombre. El grito desgarrado que atravesaba entonces mi garganta atravesaba la pesadilla y me retornaba a la realidad. Y me encontraba a mí mismo aterrorizado, escrutando nervioso la oscuridad. Lágrimas en los ojos.
A pesar de ello, aquella noche podía sentir cómo el sueño me iba venciendo poco a poco... mis párpados caían y sentía que no podría permanecer despierto mucho tiempo. Decidí desistir del café, apagué el ordenador y me acosté. Tarde mucho en dormirme.
«Así que tú eres Él. Aquel de quien me habló el fraile... a quien conocería tal vez al final del camino... Eres tú quien está por encima del Bien y del Mal, de cuyo designio no es posible abstraerse... Tú, todopoderoso maestro de marionetas. Tu crueldad no conoce más límite que el de tu propia avaricia.»
»No... el viejo fraile no era nada para ti. Tampoco aquella chica inocente con cuya sangre manché -manchaste- mis manos. Tampoco era importante Ella, porque ni siquiera existe. ¿Qué soy yo? No soy más real que ellos... todos somos absurdos muñecos, burdos instrumentos de tu mano cruel. Todo mi mundo... cada piedra en mi camino, cada inocente muerto a mis manos... nada es casual, todo ha sido dispuesto por tí de antemano. No existe el azar.»
»Cada noche esperas temeroso el momento de dormirte porque te aterrorizan mis propios pensamientos. Te asustas de matar en sueños, no quieres que salga ese monstruo que llevas dentro. Por eso existo yo... por eso me creaste... el único sentido de mi vida es custodiar tus temores. Te sientes más seguro si tienes tu propia criatura en el limbo de las pesadillas... Puedes dormir porque percibes que todo lo horrible de tu imaginación vela junto a tu lecho protegiéndote de ti...»
»Todo es un instrumento macabro tejido con desdén por las formas caprichosas de la tinta. Siéntete orgulloso en el punto final, escritor miserable... De la misma forma que tu grito te despierta de la pesadilla, mi dolor rasgó el fino velo que me separaba de ti. He venido para acabar conmigo acabando antes contigo. No estás soñando. Hoy no. Hoy soy quien escribe.»
Me desperté sobresaltado. Le había visto. Intenté incorporarme, pero no podía moverme. Mi esperanza se rompió cuando comprendí la realidad de mi pesadilla.
En este lugar apartado, mis gritos de terror no se oyen, los golpes sordos de mis puños no llegan a los oídos de nadie... No hay esperanza para mí. Comienzo a morderme con furia las venas de mis antebrazos. Gritos de dolor escapan de mi boca sangrienta. Mis lágrimas de terror resbalan por mi cara sudorosa. Sangre, sudor, lágrimas. El suicidio es lo único que me queda... no soporto la idea de morir enterrado vivo.
Mi último pensamiento es para ella. No creo que pueda resistir la tentación de vender mi alma a cambio de volver a besar sus labios...
FIN
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