29 de junio de 2006

Cuánto penar...

...para morirse uno.

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo, no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Pena con pena y pena desayuno,
Pena es mi paz, y pena mi batalla,
Perro que ni me deja ni se calla,
Siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos, penas, me oponen su corona
Cardos, penas, me azuzan sus leopardos
Y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con mi pena mi persona,
Circundada de penas y de cardos.
¡Cuánto penar para morirse uno!

Miguel Hernández

24 de junio de 2006

Tu boca...

Mañana... al fin.

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

Miguel Hernández

16 de junio de 2006

Purple rain

El calor era infernal. Aquella noche parecía no querer terminar nunca, envuelta en el agobio de las sábanas ásperas y calientes. Permanecía mirando al infinito, sin poder cerrar los ojos irritados, con la molesta sensación de no saber dónde se encontraba, drogado por el cansancio de aquellos días eternos.

Había logrado conciliar el sueño, cuando el temblor de un trueno lejano sacudió los cristales y le despertó violentamente. A pesar del susto se alegró: aquel calor sofocante tenía las horas contadas... Llevaba meses esperando una gota de agua del cielo permanentemente azul de aquella ciudad perdida. Anhelaba la caricia refrescante de la lluvia, necesitaba sentir que podía respirar...

La tormenta irrumpió en forma de grandes gotas transparentes que empezaron a colarse por la ventana, y de un olor a campo húmedo que penetrando en la habitación oscura. Se incorporó, algo más aliviado, y levantó la persiana con energías renovadas. No había un alma en la calle, y no tardó mucho en rendirse al embrujo de la noche y salir a pasear bajo la lluvia. Quería disfrutar en toda su dimensión aquello que tanto había ansiado.

Recorrió las calles desiertas durante largo tiempo, acompañado solo por la felicidad sincera que producen las cosas sencillas. Bajo el manto fresco de la tormenta, al final de la calle, una joven contemplaba la noche con idéntico ensimismamiento. Permanecía sentada en un banco de piedra, en el mismo centro de un parque de árboles secos y tierra gris. Las manos apoyadas tras de sí y el cuerpo arqueado, dejando caer su cabeza hacia atrás... el agua chocaba con su frente y resbalaba entre sus cabellos.

Se dirigió hipnotizado hacia ella, sin poder apartar la vista. Cabello negros y ondulados, rostro sonriente y despreocupado, sin mirar a ningún sitio. Sin pensarlo, se sentó a su lado, levantó la frente y disfrutaron en silenciosa complicidad de aquel regalo del cielo...

Pasaron las horas entre ambos lentas y tranquilas. Sus miradas abandonaron el cielo para posarse en el otro... sonrieron tímidamente, compartiendo la misma felicidad inocente y romántica. Y ya no pudieron separar sus labios.

Y en el calor eterno de la noche, sin una gota de agua en mi garganta consumida, velo mis ansias rotas, preguntándome por qué el mundo es un lugar tan poco mágico para permitir que ciertas cosas sólo sucedan en los sueños y en los relatos, y siempre con el mismo final... Siempre despierto de los sueños, aunque los prefiera a mi vida. También escribo invariablemente ese maldito punto que ahoga la sedienta fantasía.

1 de junio de 2006

Calma...

Después de todo, creo que puedo contar con este diminuto espacio para respirar a gusto. Aquí me siento en casa, y puedo relajarme y ser yo mismo... Hoy me habría gustado fumar, porque me apetecía sentarme en el rincón más oscuro de la casa y allí, completamente solo, encenderme un cigarro y envenenarme a mi ritmo. Hasta para morir llevamos prisa...

Me gusta escribir conceptos y vaguedades que solo entiendo yo, pero hoy seré más concreto. Mil quinientas visitas en mi blog "mediático", Segmentation Fault, en un día. Horrible y gratificante a un mismo tiempo. Sólo una persona entró en esta humilde casa, que a pesar de todo me sigue gustando más. Aquí nadie deja comentarios hirientes, nadie hace preguntas estúpidas. Los cuatro que me leen observan, comprenden, escriben y se van para volver. Nadie pelea por ser mejor, por saber más... descuidan las apareciencias, y yo también: no tengo que ser nada porque nadie me ve en este rincón oscuro.

Sólo el humo y la luz tenue de ese cigarro que no me he fumado me delatan. Escribo lo que quiero, cuando quiero y como quiero. Qué libertad... me siento tan cómodo tecleando despacio palabras que entiendo, dejando que salgan una tras otra... Me encanta escribir, y creo que hoy no he hecho otra cosa... por eso estoy tan relajado y tan feliz... Un abrazo a quien me lea :-)