8 de noviembre de 2008

Helmántica

Hay días –una vez cada dos o tres años– en que me reconcilio con Salamanca. La verdad es que no tengo que caminar demasiado para encontrarme con esto...

... Y eso sí que es un regalo que reconozco que muchas veces no he sabido apreciar. En el fondo no se está tan mal aquí. Por eso creo que ha llegado el momento de irme.

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.

Fray Luis de León – Oda a la vida retirada

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