Te siento débil, vulnerable en este frío y viejo vagón de tren. Te has sentado junto a mí por error, pero no quiero que te vayas por nada del mundo. Ni siquiera sé tu nombre, sólo cuatro pistas, las suficientes para entender que formas parte de mí. Quédate junto a este viejo que tan mal disimula la sorpresa que le produce saber que le importas...
El mundo es un lugar desconcertante.
Lloras. No puedo soportar que llores, y quisiera poder decirte algo, o tomar tu mano, hacerte sentir que pese a todo no estás sola. Pero nos separa un muro de desconfianza e inseguridad. Quisiera saber qué te hace estar tan triste, por qué me hablas y me sonríes con melancolía y yo me siento tan mal.
Pero llegas a tu destino. Te despides llorando con la risa. Y te vas. Y yo me quedo a solas con mis preguntas. Hay veces que hasta el más largo viaje nos sabe a poco.