Aquí el mar se funde en paz con la tierra, en la caricia ondulante y eterna. Tal parece que sea siempre la misma ola la que acaricia, seduce y rodea los suaves acantilados con sus brazos tranquilos.
En el infinito se funden los azules y se intuyen los confines de este mar tranquilo de aguas que mecen en vez de romper, que no braman sino susurran, rendidas al abrazo cálido de la roca milenaria.
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