3 de julio de 2008

451

Un tren y Fahrenheit 451 entre mis manos. Creo que nunca me cansaré de releer este libro, impregnado de melancolía en cada una de sus páginas. Mi mirada triste se pierde entre las ventanas del vagón. Por un momento, temo ver el libro consumiéndose en las llamas de algún día no muy lejano. Y lo aprieto fuerte contra mi pecho.

Usted no es como los demás. He visto a unos cuantos. Lo sé. Cuando hablo, usted me mira. Anoche, cuando dije algo sobre la luna, usted la miró. Los otros nunca harían eso. Los otros se alejarían, dejándome con la palabra en la boca. O me amenazarían. Nadie tiene ya tiempo para nadie.

Ray Bradbury – Fahrenheit 451

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