12 de febrero de 2006

In memoriam

Quizás no nos llegamos a conocer lo suficiente como para ser grandes amigos, pero sí para saber que había algo, un entendimiento, una chispa, una complicidad mutua... pero, como siempre, nada de eso vale ahora.

Compartimos unos años de nuestra vida en forma de acampadas, marchas, risas, canciones y muchos buenos momentos. Noches inolvidables al calor del fuego, con la mirada perdida por el esfuerzo del día que, como tú, moría. Después desapareciste de nuestras vidas durante unos años. Y te reencontré hace uno o dos, convertida en novia de un amigo... ¿te acuerdas? Nos vimos y ni siquiera sabíamos quienes éramos... los años corren para todos.

Aquel diecinueve de diciembre lograbas, tras años de lucha, descansar. A tus diecisiete años nos abandonabas para siempre. Tu alegría y tu espítiru desenfadado se iban contigo... Quienes compartieron contigo esos últimos momentos no consiguen borrarte de sus ojos ni de su alma... yo no me he enterado hasta hoy, y con mal sabor de boca por todo este tiempo ajeno a tu partida, quiero decirte adiós.

Eres sólo mi segunda baja, la segunda persona que me recuerda con su partida que esto no es un juego... mi segundo momento de mirar al infinito y sentir que no voy a poder reprimir las lágrimas. Como tantas cosas que he querido, te me escapas de las manos. Y lo que más me duele, quizá sin saber que, por encima del tiempo que compartimos, dejas huella en mi vida, y que en ella permanecerás como la niña alegre que conocí.

Hoy he encontrado este poema que nos escribías hace un año... Lo escribías con esa mezcla de mal presagio y esperanzas, y leerlo me conmueve. Así que quiero ser el eco de tu voz por un momento, y dejar que tu llanto sereno fluya entre mis letras:

UN PENSAMIENTO DURO PARA OTRO + MADURO

¡Oh! Pensamiento inocente que ocultas dentro de mí
una oscura sombra de temor y confusión...
de pena y nostalgia en mi interior.

¡Oh! Que siempre estás presente aunque yo no lo
quiera, ni lo desee... simplemente vienes invadiendo
mis estados de ánimo.

Llegará el día en que la rabia que has de sentir
te inunde de una tempestad de la que no podrás
escapar.

Siento decirte “QUERIDA TRISTEZA” que esos
oscuros pensamientos quedarán sellados en el olvido
con la certeza de que ya no volverás.

Me esperan buenos momentos de felicidad merecidos,
mis esfuerzos se verán valorados, y yo como mujer que
soy, espero verlos cumplidos.

El cáncer nos gana otra batalla, Nerea. Ni el cariño de tus amigos ha podido retenerte a nuestro lado... y eso, como siempre, me obliga a hacerme muchas preguntas. Sólo que esta vez no voy a poder responderlas. Sea lo que sea, y estés donde estés, yo te revivo hoy en mi corazón y sueño con encontrarte y poder decirte que pienso en tí con lágrimas en los ojos y en el corazón.
A las aladas rosas
del almendro de nata, te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

No hay comentarios: