19 de marzo de 2010

Una carta de despedida

Salamanca. Otra noche de mierda en esta puta ciudad. No es la primera vez que escribo esto. Es el título de un libro que ni siquiera he leído pero que podría haber escrito. He vivido muchas noches de mierda en esta puta ciudad. Y muchas mañanas. Y he visto demasiado las mismas cuatro paredes.

Me quedan en esta ciudad algunos buenos amigos, algunas fotografías que todavía no he podido hacer, conversaciones que todavía no he tenido y un museo que está demasiado lejos de casa. No viviría mal en esta ciudad si no fuera esta ciudad. Tampoco puedo sacar de aquí todo lo que me importa, porque dejaría de ser lo que me importa. Supongo que no son sólo ellos, sino ellos y su circunstancia. Esas cosas.

El otro día llegué a la estación y me fui caminando hasta casa. No recuerdo nada del trayecto, salvo una calle en obras. Lo demás está igual. Puedo caminar por esta puta ciudad con los ojos cerrados. ¿Me atrevería a hacer la prueba de verdad? ¿Llegaría hasta la facultad sin mirar por dónde camino? ¿Qué pasaría si lo consigo? ¿Y si no lo consigo? Voy a escribir puta cada vez que escriba ciudad. Cuando termine de escribir buscaré si me he dejado alguna ciudad que no sea puta.

Esta mañana me preguntaba cómo pude aguantar tanto tiempo entre estas paredes. Ahora me volvería loco. O igual ya me volví loco hace años y ahora me volvería normal. O más loco. No lo sé. El caso es que no lo soportaría. Me imagino un año. Otro. Y otro. Y así hasta seis. Tan poco interesantes como los anteriores. Como una condena. Y tampoco soportaría trabajar aquí cada día. Odio esa oficina, donde sólo da el sol en verano y están todos medio locos. No me extraña.

No acabo nunca de despedirme de esta ciudad. Es la segunda que dejo atrás y no me acostumbro. Y mientras termino de escribir esto sigo pensando en el museo. Creo que fui dos veces en seis años.

Joder.

11 de marzo de 2010

El castillo encantado

Durante mis dos primeros años en la secundaria desarrollé una curiosa afición, consistente en ir recogiendo y clasificando los papeles que encontraba tirados en el suelo de clase. Llegué a tener unos cuantos, algunos de ellos escaneados.

El caso es que hace poco, revisando antiguas copias de seguridad de mi primer ordenador, encontré algunos de esos papeles:

El expediente de expulsión incompleto:

El misterioso correo electrónico perdido (y encontrado):

La intrigante declaración de amor:

Otra intrigante declaración de amor, sospechosamente similar a la anterior. Mi mente elucubró decenas de teorías descabelladas sobre ambas epístolas y su relación, sin llegar a ninguna conclusión:

Y por último, un dibujo un tanto curioso (prueba de la absoluta degradación del sentido estético en nuestra generación). Al reverso venía escrito "El castillo encantado". En fin.

Qué recuerdos.

21 de febrero de 2010

Sobre los tejados se duerme la tarde


Sobre los tejados se duerme la tarde.
Humo de un cigarro que fuma Gardel.
En el dulce licor que me hiere salvaje,
en los garabatos que hago en el mantel.

Y esperaré. Y si no vuelves,
bajo el olivo me quedaré dormido.
Esperaré, por si te pierdes.
Será mi luna, tu fanal encendido.

Manolo García – Carbón y ramas secas

11 de enero de 2010

Ese pequeño punto azul pálido

No hay ninguna pista de que la ayuda vendrá de otro lugar para ayudarnos a salvarnos de nosotros mismos.


8 de enero de 2010

Anonymous

Aunque ellos mismos sepan que no van a conseguir absolutamente nada, es un mal día para la libertad.

We are anonymous. We are Legion. For each that falls, ten shall take his place.

We do not forgive. We do not forget. We are everywhere and we are nowhere. We cannot be found. We cannot be fought. We cannot be counted. We cannot be named.

We are Anonymous.