9 de noviembre de 2007

Abandono

¿Qué hago aquí? Apenas pude respirar el aire contaminado de la estación y ya me había sumergido de nuevo en el insomne ajetreo de la capital. Terminal, cercanías, metro. No tengo prisa, pero me contagio de la histeria colectiva y acabo caminando a toda velocidad, sin saber siquiera a dónde llevan mis pasos.

Las paradas se suceden con el ritmo acompasado de pasos que entran y salen del vagón. Sólo puedo pensar en mi parada. Salgo. Pasillos y más pasillos. Prisas. Empujones. Poco a poco me alejo de la línea más transitada y llego al enlace. Más pasillos. Miradas. Unos ojos negros se quedan fijos al pasar a mi lado y durante un segundo el tiempo se hace más espeso. Nuestros ojos se apartan para siempre. El pasillo no termina.

Otro vagón de metro. Todavía no he visto un rayo de sol desde que llegué. Sólo túneles y más túneles. Suciedad. Una rata muerta. Una espera impaciente. Miradas que se cruzan en el vagón. Por fin llego a la estación de ferrocarriles. Subo a la superficie y ya ha muerto la tarde. Los rascacielos rompen la oscuridad, apenas jirones de luz artificial que parecen flotar en el cielo. La noche ha vuelto a ser más rápida.

Un vagabundo se disculpa con modales impecables al tropezar conmigo. Me dejo caer en un banco. Y espero.

¿Qué hago aquí? me pregunto. Me asustan las respuestas. Entonces acuden a mi mente aquellos primeros años en lo único que pude considerar alguna vez mi ciudad. El mar. El viento. Los amigos que dejé atrás. Aquellas personas que creí que estarían siempre conmigo. La enorme herida que dejaron abierta. Ellos. Ella. Y ella.

Me pregunto qué hago en esta estación donde el dolor parece haber impregnado cada esquina, en esta ciudad desconocida y amenazadora por la que he pasado sin ni siquiera ver el sol. Esperando un tren que me llevará a otro lugar más odioso que el anterior.

Miro al infinito y no puedo evitar preguntarme qué hago aquí. No sé responderme. Tan lejos de todos, tan cerca de nada. Miro al suelo, incapaz de comprender por qué me he abandonado en esta sucia estación tan lejos de todos. Y tan lejos de mí.

1 comentario:

Olga Molina dijo...

Uuuuhh... qué chungótico. Por cierto, ¿quiénes son Ella y Ella???? hm.... '¬¬
Ala, un besazo mangurrián!