15 de octubre de 2006

The Last Remaining Light

Cuantas dudas absurdas, cuanto tiempo perdido pensando estupideces... si por un instante todo se volviera nítido... sólo puedo esperar.

Roll me on your frozen fields
Break my bones to watch them heal
Drown me in your thirsty veins
Where I'll watch and I'll wait
And pray for the rain

Curl like smoke and breath again
Down your throat inside your ribs
Through your spine in every nerve
Where I watch and I wait and yield to the hurt

And if you don't believe
The sun will rise
Stand alone and greet
The coming night
In the last remaining light

Seven moons and seven suns
Heaven waits for those who run
Down your winter and
Underneath your waves
Where you watch and you wait
And pray for the day

And if you don't believe
The sun will rise
Stand alone and greet
The coming night
In the last remaining light

And if you don't believe
The sun will rise
Stand alone and greet
The coming night
In the last remaining light

Audioslave - The Last Remaining Light

25 de septiembre de 2006

Parte I. Una día señalado

Se había levantado con una idea fija en su mente. Lo cierto es que lo tenía señalado en la agenda desde hacía tiempo. Había tenido que fijarse aquel día como límite, porque se daba largas a sí mismo. Era un asunto de esos para los que jamás es el momento idóneo.

Estaba nervioso cuando llegó a la tienda, inmersa en el bullicio del centro de la gran ciudad. Fotografías de cuerpos cubiertos de tatuajes y perforados hasta la nausea eran la única decoración de aquel reducido local.

El dependiente sonrió cuando le estrechó la mano. Era un hombre de nos treinta años, con la cabeza afeitada y muy corpulento. Tenía dos serpientes dibujadas en los brazos, y bajo su camiseta blanca ajustada se adivinaban más tatuajes de complicadas formas y colores vivos.

Tras saludarle, aquel empleado con aspecto de bonachón le miró a los ojos con gesto dubitativo y susurró:

- Tu eres el del pendiente en... en... bueno, ya sabes.
- Eso parece.

Iba a ser un día muy largo.

30 de agosto de 2006

El sueño de los vivos

En el eco lejano de tu risa se desvanece la mía de mis labios vacíos y tristes. Aunque ya no hay lágrimas como antes, me dejo invadir por la tristeza y la melancolía... y entonces siento que no seré capaz de sonreir, y dejo que el llanto contenido me abrace con su escalofrío. No todas las lágrimas son amargas, pero no quisiera llorar. Aunque tal vez lo necesite.

Sé que tengo que seguir adelante y me obligo a ser realista... Las cosas no van tan mal, sólo que podían ir mejor. Cierro los ojos y quisiera soñar con una vida donde todo fuera distinto... pero entonces me doy cuenta de lo lejos que he estado, estoy y estaré de mi sueño.

Y por momentos parece que nada valga la pena... muy poco de lo que hago me acerca a tí, y siento cómo los días pasan iguales, y cómo sigo igual de lejos de una parte de mí que en realidad jamás poseí.

A tu lado todo parece tan diferente... tal vez lo sea. Me pregunto si de verdad todo esto tiene sentido, y de momento la respuesta sigue siendo afirmativa. Espero, ya que no parece que esto vaya a mejorar, que por lo menos todo siga igual de mal. Pero que siga. Te necesito.

Entonces

Duermes a mi lado... Tu cuerpo descansa inmóvil y el cabello suelto cae sobre tu cara arañada por los primeros rayos del sol. Y junto a tí, mi mano escribe, indecisa primero, ahora con determinación. Quisiera poder acariciarte ahora con la seguridad con que escribo, pero una fuerza invisible, un respeto sagrado me impide siquiera rozarte...

Fuera el día agoniza, los rayos de sol giran lentos en la habitación y la claridad se apodera también de tu precioso cuerpo definiendo ante mis ojos de insomne tus líneas suaves y estremecedoras... Testigo mudo e inmóvil de tu plácido sueño, como quien observa la siniestra belleza tranquila del cadáver y sabe que que no debe perturbarlo...

Contengo la respiración en aquella cama enorme, en este frío despertar. Apenas a unos centímetros, pero separados por la distancia insalvable que interpone la frontera entre la realidad y el sueño...


¿Y si durmieras?
¿Y si en tu sueño, soñaras?
¿ Y si soñaras que ibas al cielo y allí recogías una extraña y hermosa flor?
¿Y si cuando despertaras tuvieras la flor en tu mano?
Ah, ¿Entonces qué?

Samuel Taylor Coleridge
Entonces tú.

21 de agosto de 2006

Día y noche

- Hace buena noche, ¿verdad?
- Es de día.
- Y es un día magnífico. Y tan bello que parece de noche.
- Entonces es cierto, hace muy buena noche –exclamó. Y le miró con una mezcla de curiosidad y complicidad... –
- Me gusta la noche. Las hay tan azules que brillan tanto como el día.
- Pensé que era al revés.
- Eso depende. Las noches alumbradas por ojos azules adquieren a veces la luz del día. Hay mucha luz en las miradas de las personas... tu por ejemplo, tienes unos deslumbrantes ojos azules...
- Pero es de día... ¿para qué los quiero sin una noche que alumbrar? A no ser que podamos oscurecer el día. Con unos ojos negros, por ejemplo.
- Por ejemplo –sonrió por primera vez–. Es verdad que hace un día precioso. Pero sin duda lo mejor son las vistas.
Miró por la ventanilla del viejo tren, y contempló el paisaje durante unos minutos... se volvió y al final dijo:
- Me temo que no veo nada. Es que es de noche.
- No me refería a esas vistas. Es un regalo poder verte sólo a ti, ahora que es de noche.
- No sé qué dirás cuando anochezca de verdad...