Sentado en aquel hangar los minutos pasaban lentos. Eché una mirada al Commander y no pude evitar pensar en mí mismo, en cómo a mis apenas treinta años en ocasiones me siento viejo, gastado, oxidado, incapaz de remontar el vuelo. Qué ridículo. La próxima vez que me sienta así me sacaré las entrañas y me reconstruiré pieza por pieza: aquí un poco de sol, allí un poco de arena, una capa de brisa salada y espuma de mar, un atardecer azul salpicado de buenos recuerdos.
Alfredo de Hoces – El Commander
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