6 de junio de 2009

Caso de estudio

Jaume apretó la cara de aquella chica contra su polla. Apenas sabía su nombre: sólo le interesaba en la medida en que se la podía tirar cuando quisiera, como quisiera y donde quisiera. Pasó varios años de su vida dedicado fundamentalmente a trabajar y a follar, aunque no logró encontrar la chica que necesitaba.

Luis pasó varios meses atendiendo a las clases más desfavorecidas de Chicago, hasta que un día comprendió que no tenía sentido colaborar en el sostenimiento social de la primera potencia del mundo, y se fue a Galicia a vivir de un sueño. Estuvo meses pasando hambre en una casa abandonada, sin luz y sin agua, dedicado a la artesanía y a la joyería tradicional.

Rober nació en un pueblo de Sudáfrica. Cuando la crisis se cebó con la región, sus padres regresaron a España. Aprendió castellano y terminó sus estudios de biología. Se mudó a Barcelona, donde trabajó en un hospital y donde conoció a la mujer con la que se casaría en Salamanca años más tarde, justo antes de perder su trabajo y mudarse a San Francisco. Tras una temporada algo difícil, ambos encontraron trabajo en Londres.

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Sufrí en el instituto, pero finalmente conseguí escapar de allí para acabar en Salamanca, donde pasé tres años estudiando. Luego encontré trabajo, el mismo que Rober perdió. Por el camino nos hicimos amigos. Viajé todo lo que pude a Barcelona, donde conocí a Jaume, y un día la empresa me regaló un bolígrafo. Terminé la carrera mientras trabajaba y regresé a Santander con una despedida pendiente después de que conocer a Luis a través de Adeline, una francesa musulmana de madre inglesa y padre holandés que estudió ciencias medioambientales, navegó durante dos años por el Atlántico y un día llegó a Salamanca, donde se finalmente se estableció tras vivir una temporada en Valencia.

En su paso por mi vida, todos ellos me dejaron la amarga sensación de estar malgastándola. Pero también me llenaron de ganas de vivirla.

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