9 de agosto de 2006

El calor gélido de la mañana

Escuchaba el latir de su corazón interrumpido por la respiración arrítmica y convulsa. Le encantaba y le excitaba la imagen de aquella mujer desnuda sudorosa y despeinada moviéndose con él al compás que la pasión les marcaba.

Observando aquella bella chica deshaciendo la cama de aquel viejo hotel, feliz y confiada, no pudo sino recordar con una sonrisa lo extremadamente sencillo que había resultado llevarla hasta aquel lugar. Realmente, ella no era capaz de sospechar a quién había conocido aquella noche. Sencillamente, se rindió como tantas otras al encanto misterioso que poseía aquel sujeto de mirada ausente que había aparecido como de la nada... era consciente de que como casi todos los hombres que había conocido, probablemente iba a desaparecer con la primera luz del día y que ella no significaba nada para él.

Tenía razón. Por eso a aquel enigmático desconocido no debió importarle mucho apretar la almohada contra su cara para asfixiarla, justo cuando el cuerpo de la chica comenzaba a estremecerse de placer una vez más... Sin apenas fuerzas para resistirse, la joven moría a los pocos minutos mientras su asesino continuaba poseyendo su cadáver con renovada pasión.

Una última mirada cuando abandonaba la habitación por la mañana le separó para siempre de aquel precioso cuerpo blanquecino.

Fuera hacía un día precioso.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mmmm... me encanta!