Se acababa de girar cuando un joven entró a la tienda casi sin aliento y con el gesto en tensión. Cerró la puerta con un golpe y se dejó caer sobre un pequeño banco del local, secándose el sudor con la manga de la chaqueta. Dependiente y cliente le miraban asombrados, este último mientras pensaba “Joder, otro imbécil con prisas”. Se trataba de un hombre que aparentaba unos veinticinco años, muy alto y con barba, y totalmente vestido de negro...
Cuando por fin recuperó el aliento, se levantó y dijo:
- Me envía él. Tenéis que esperar.
- ¿Qué estás diciendo? -Exclamó el dependiente algo nervioso- justo ahora tenía que hacer un trabajo para... ¿cómo se llamaba? -preguntó mirando a su cliente-
- Frank. Y es una maldita cabronada. Llevo meses para decidirme a... bueno, a eso. ¿Justo ahora?
- Sí. Me ha contado un montón de estupideces, que si se va de viaje, o que si tiene mucho trabajo... el caso es que tenéis que esperar.
Aquel visitante inesperado se dirigía ya hacia la salida cuando se giró, y con el tirador de la puerta en la mano exclamó:
- Ya sabéis, órdenes del jefe.
Frank y el dependiente se intercambiaron una mirada de resignación, se cruzaron de brazos y se sentaron a esperar que quien escribía sus vidas tuviera tiempo libre.
28 de noviembre de 2006
Parte III. Pausa
Publicadas por
Pau
a las
15:45
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
2005 - 2010 Pau. Todos los derechos reservados.
2 comentarios:
Me ha encantado :-D
WoW! Me has dejado con la intriga de seguir leyendo! Sigue así n_n
Publicar un comentario