No he vuelto a ver el sol desde que sé que no iluminará tus ojos, como no he podido volver a besar desde que sé que no sentiré tus labios. No existe el sueño si no puedo soñarte. Si no puedo rebasar las mil noches negras de incertidumbre nos separan. No me queda vida que vivir sin ti.
Cada oscuro atardecer estoy más lejos de tu sonrisa. Contemplando el horizonte infinito en la soledad abrumadora de mis días la tristeza inconsolable de tu pérdida me consume, hasta que arrodillado ante el ocaso mi frente toca la tierra humedecida por mis lágrimas.
Tu sombra no deja escapar la luz. Me dejo arrastrar cegado por la oscuridad de tu partida, presa de tu mortal encantamiento... cada segundo el olvido me aleja de ti, y tu recuerdo hace mi final presente. Cada aliento me recuerda con su cadencia ronca que podría ser el último mientras el alcohol disuelve lentamente los últimos vestigios de la vida que en mí hubo un día.
Abandono mis días a mi inexorable destino, matar el tiempo hasta que él me mate a mí. Y me sumerjo en el veneno transparente que me quiere dejar morir despacio e inconsciente, como quien muere congelado. El sol se fue con tu última mirada.
19 de febrero de 2007
No quiero escribirlo nunca
Publicadas por
Pau
a las
22:28
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1 comentario:
Uau... qué profundo, me encanta :)
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