8 de diciembre de 2006

We’ll Meet Again

Hoy se cumplen dos años desde que te nos escaparas de entre las manos de la forma más absurda y dramática. No sé, no quiero deprimirme pensando en la enorme pérdida que fuiste, ni escribir aquí un emotivo homenaje intentando que alguien comprenda lo importante que eres para mí. No quiero exagerar y convertir mi voz en un grito de dolor desgarrado, como hacemos siempre que nos abandona alguien...

Así que sólo voy a decirte que me jode que todo acabara tan mal. Porque no sé qué más puedo decirte. Que lo siento, Dime. Y que pase lo que pase, nunca te olvidaremos. La cerveza de hoy va por ti, tío. Allí donde estés.

This question haunts my mind
Will we survive this night?

Pantera - The Sleep (Cowboys From Hell, 1990)

28 de noviembre de 2006

Parte III. Pausa

Se acababa de girar cuando un joven entró a la tienda casi sin aliento y con el gesto en tensión. Cerró la puerta con un golpe y se dejó caer sobre un pequeño banco del local, secándose el sudor con la manga de la chaqueta. Dependiente y cliente le miraban asombrados, este último mientras pensaba “Joder, otro imbécil con prisas”. Se trataba de un hombre que aparentaba unos veinticinco años, muy alto y con barba, y totalmente vestido de negro...

Cuando por fin recuperó el aliento, se levantó y dijo:

- Me envía él. Tenéis que esperar.

- ¿Qué estás diciendo? -Exclamó el dependiente algo nervioso- justo ahora tenía que hacer un trabajo para... ¿cómo se llamaba? -preguntó mirando a su cliente-

- Frank. Y es una maldita cabronada. Llevo meses para decidirme a... bueno, a eso. ¿Justo ahora?

- Sí. Me ha contado un montón de estupideces, que si se va de viaje, o que si tiene mucho trabajo... el caso es que tenéis que esperar.

Aquel visitante inesperado se dirigía ya hacia la salida cuando se giró, y con el tirador de la puerta en la mano exclamó:

- Ya sabéis, órdenes del jefe.

Frank y el dependiente se intercambiaron una mirada de resignación, se cruzaron de brazos y se sentaron a esperar que quien escribía sus vidas tuviera tiempo libre.

7 de noviembre de 2006

Parte II. Nervios

Estaba nervioso cuando llegó a la tienda, inmersa en el bullicio del centro de la gran ciudad. Ya era mediodía y la calle estaba a rebosar de personas que se movían de un lado a otro con cara de prisa y cargadas con bolsas. Con los años, había aprendido a esquivar a todos aquellos imbéciles con cara de que su vida se irá a la mierda si pierden un sólo minuto. Tenía la teoría de que la mayoría de ellos en realidad no tiene nada que hacer, así que lo compensan ante la sociedad poniendo gesto de estar muy ocupados.

En fin, tal vez era otra gilipollez suya, pero en ese momento no le importaba mucho. De modo que dio un último vistazo a la fachada de la tienda. “TaToorture”. Muy explícito. Se encogió de hombros y empujó la puerta, que no se abrió: había que tirar de ella. “Mierda de día”, pensó mientras accedía al local.

Fotografías de cuerpos cubiertos de tatuajes y perforados hasta la nausea eran la única decoración de aquella pequeña tienda del centro. La verdad es que entrar de primeras no era la sensación más agradable del mundo... lo había sabido hace un año y medio, cuando entró de casualidad en aquella entonces desconocida tienda.

El dependiente sonrió cuando le estrechó la mano. Se trataba de un hombre obeso de unos treinta años, con la cabeza afeitada y bastante corpulento. Lucía una barba muy poco poblada. Tenía dos serpientes dibujadas en los brazos, y bajo su camiseta blanca ajustada se adivinaban más tatuajes de complicadas formas y colores vivos. Se preguntaba con cierta maldad por qué diablos era necesario decorar un cuerpo tan poco atractivo.

Tras saludarle, aquel empleado con aspecto de bonachón le miró a los ojos con gesto dubitativo y le preguntó qué deseaba

- Vengo por lo.. lo de... lo del pendiente en... en... bueno, ya sabes.

El dependiente sonrió confiado y le hizo gestos para que pasara al fondo del local, sin dar más importancia a su nerviosismo.

Iba a ser un día muy largo.

6 de noviembre de 2006

Parte I. Angustia

Nota: esta entrada es el inicio de un relato que se publicará por entregas a través de este blog.

Una mañana fría y silenciosa. El viento hacía vibrar el fino cristal de la ventana de su dormitorio, y cuando abrió los ojos, la luz se había vuelto a apoderar de su habitación. Se removió inquieto en la cama y sus ojos se dirigieron al infinito con un gesto de preocupación mezclada con ansiedad.

Sobre la mesita de madera, el despertador parecía despejar todas las dudas: sabía que aquel día tenía que hacer algo. No era una de esas estupideces que a veces se le ocurren a uno al acostarse y de las que no vuelves a acordarte nunca... ésta llevaba clavada en su mente desde hacía casi un año. Y este era el día elegido.

Había tenido que fijarse aquel viernes como límite, porque había terminado por darse cuenta de que, inconscientemente, había pasado el último año tratando como un idiota de posponer al máximo lo que ya era inevitable. Cada día había pensado “esta semana lo haré”. Luego empezó a pensar “el mes que viene, cuando cobre”. Después se decía a sí mismo que no estaba preparado, o que era mejor esperar a que pasara el verano.

En cierto modo, se trataba de uno de esos asuntos para los que jamás es el momento idóneo. Posiblemente esa mañana de viernes tampoco lo era, pero se dijo que, en cualquier caso, era “la más idónea” en el último año. Esta idea, y el recuerdo de todas las excusas ridículas que se había puesto a sí mismo, le hicieron sonreír y pensar que después de todo no era tan valiente como pensaba...

Mientras se duchaba no podía dejar de observar aquella parte de su cuerpo que sabía que ya nunca sería igual. Le costaba aislarse de sus pensamientos. Apenas probó el desayuno. Se sentía algo inquieto, así que decidió que lo mejor era largarse allí cuanto antes.

15 de octubre de 2006

The Last Remaining Light

Cuantas dudas absurdas, cuanto tiempo perdido pensando estupideces... si por un instante todo se volviera nítido... sólo puedo esperar.

Roll me on your frozen fields
Break my bones to watch them heal
Drown me in your thirsty veins
Where I'll watch and I'll wait
And pray for the rain

Curl like smoke and breath again
Down your throat inside your ribs
Through your spine in every nerve
Where I watch and I wait and yield to the hurt

And if you don't believe
The sun will rise
Stand alone and greet
The coming night
In the last remaining light

Seven moons and seven suns
Heaven waits for those who run
Down your winter and
Underneath your waves
Where you watch and you wait
And pray for the day

And if you don't believe
The sun will rise
Stand alone and greet
The coming night
In the last remaining light

And if you don't believe
The sun will rise
Stand alone and greet
The coming night
In the last remaining light

Audioslave - The Last Remaining Light