Ésta es la novena parte de "The Cemetery Gates". Puedes leer los capítulos anteriores más abajo en esta misma página o utilizando los enlaces de la derecha. Fecha prevista de publicación de la décima parte: 1 de diciembre.
Desperté empapado en un sudor frío... la imagen idílica del paraje me parecía ahora siniestra y amenazadora, dotada de cierta belleza inquietante... Sentía el palpitar desbocado de mi corazón, a punto de escaparse de mi pecho.. creí que moriría en aquel instante. Un escalofrío se había instalado en mi nuca y mantenía mi cuello dolorosamente atenazado...
Tras unos segundos, mi respiración se hizo más tranquila, aunque sentía que por momentos me ahogaba. Estaba horrorizado por lo que había visto en sueños, y sólo deseaba escapar de aquel lugar, sentarme y pensar sobre todo lo que estaba pasando... el giro de los acontecimientos me estaba volviendo loco. Por momentos tenía la sensación de no ser el verdadero dueño de mis pasos... todo sucedía tal velocidad que apenas era capaz de asumir mi situación... y así, corría y corría de un lado para otro, huyendo de un mal que estaba dentro de mí. Y no podía huir de mí mismo...
No me sentía con fuerzas para permanecer un segundo más allí... pero tampoco quería volver a mi camino hacia ninguna parte y dejar una montaña de cadáveres de inocentes a mi paso... reparé en la senda que se adentraba en el bosque. Aquella vereda casi oculta por la maleza no me era ajena... Miré a mi alrededor... era como si aquel jardín abandonado me conociera profundamente... me sentí observado y vulnerable... los enormes árboles, las flores que brotaban aun asfixiadas por las malas hierbas... todo me era siniestramente cercano. Como un espejo de cristal negro, todo rastro de vida de aquel lugar reflejaba la oscuridad de mi interior.
Encaré el sendero que se adentraba en una masa boscosa... un viento frío procedía del linde del bosque y me atravesaba hasta los huesos. Con aciago presagio me adentré en la oscuridad del estrecho camino... Caminé durante unos minutos flanqueado por enormes árboles que se inclinaban hacia mí amenazadoramente... El miedo oprimía mi corazón y cada ruido me obligaba a volverme, preso de un gran desasosiego.
Me daba la impresión de que poco a poco el sendero se abría... poco a poco la oscura masa de árboles iba cediendo ante los escasos rayos de sol que alcanzaban el suelo. Tras ascender un pequeño repecho, alcancé el lindero opuesto... Ante mí se alzaba una vieja mansión. Constaba de tres plantas salpicadas de diminutas ventanas con marcos de madera carcomida, coronadas con un tejado de teja roja derruido en la parte posterior. El aspecto general era de abandono.
Comencé a caminar hacia la puerta de la residencia, que permanecía entreabierta. Al empujarla se abrió con un agudo quejido dejando ver tras de sí el recibidor. Recorrí en silencio la planta baja. Mis pisadas crujían en el suelo de madera polvorienta. Los muebles estaban desordenados, volcados o destartalados, víctimas sin duda del saqueo. Aparentemente no quedaba nada de valor. Crucé el oscuro pasillo hasta llegar a unas deterioradas escaleras. Subí a la planta superior no sin dificultad... los frágiles escalones protestaban mi presencia.
La imagen que poco a poco se abría ante mis ojos era desoladora. Las paredes estaban ennegrecidas y el suelo había quedado reducido a cenizas grises. El techo estaba parcialmente quemado, y algunas vigas desnudas daban fúnebre testimonio del cuerpo que en otro tiempo sustentaron. Los ventanales estaban rotos y su madera resquebrajada. Una lágrima se deslizó por mi carne carbonizada cuando comprendí que aquel lugar había sido mi tumba.
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