13 de noviembre de 2005

Parte VI. Luz oscura

Ésta es la sexta parte de "The Cemetery Gates". Puedes leer los capítulos anteriores más abajo en esta misma página o utilizando los enlaces de la derecha. La séptima parte ya está escrita y aparecerá próximamente.

A Suka.


Otro fogonazo me devolvió a la iglesia del monasterio. El fraile había vuelto a sentarse a mi lado, y me miraba con una mezcla de lástima y preocupación. «Tu fuiste todo para ella, del mismo modo que ella lo fue todo para ti. Eso te destruyó»

«Él se alimenta de nuestros temores, nuestras dudas, nuestras debilidades... Ella era tu gran debilidad... sí... no te culpo, es una mujer muy bella» El fraile me miraba con cierta ternura paternal, pero volvió a mirar al frente... su voz resonaba grave en el templo. «Tendrás que recordar quién eras tú, y quién era ella... sólo de esa forma sabrás qué eres ahora y qué debes hacer. Yo no puedo ayudarte más» Mientras decía esto, le observaba inquieto... tenía muchas preguntas torturando mi mente... «¿Por qué? ¿Por qué me has ayudado? ¡Yo te maté de una forma horrible! ¡Dime por qué!...» Sentía que la cabeza me iba a estallar.

«Dios y Satanás juegan a su perverso juego mientras nosotros tratamos de llenar nuestras vidas... matamos el tiempo y así esperamos a que el tiempo nos mate a nosotros. Mi vida estaba condenada de antemano, tarde o temprano mi aliento se extinguiría entre los suspiros del dolor de mi agonía. Tú truncaste mi existencia, pero a decir verdad sólo adelantaste lo que de una u otra forma habría acabado por suceder...»

«Mírame... soy viejo y torpe... mi pelo es blanco como la nieve de un invierno que había llegado para mí, y a cuyo viento gélido no habría podido escapar... Hacía ya sesenta años que no salía de este monasterio perdido en esta verde cordillera. He consagrado toda mi vida a Él, al Supremo Hacedor, a quien representa el Bien... cada acto de mi larga existencia ha sido meditado y puesto a su servicio, y, del mismo modo perdí perdón por cada segundo de mi vida que se apartó de la complicada senda que él ha trazado.»

«Apareciste tú y acabaste con mi vida cuando ya tocaba a su final... pero hasta mi muerte podía ser utilizada en contra del diablo... Tú... Tú eres su siervo, su creación... acogerte sediento de verdad y darte de beber es otra victoria de mi Señor en la dura batalla del equilibrio del Universo. El amor fraternal que por tí siento compensa el odio instintivo que te hizo acabar con mi vida, y esa es la victoria más preciosa sobre Satanás que nadie pueda imaginar...»


«No todo acaba aquí... hay alguien más, alguien a quien quizás conozcas al final de este duro camino que comienzas. Él está por encima del Bien y del Mal, él me puso en tu camino, y no es posible para nosotros abstraernos a su designio... Para él lo importante en realidad eres tú... yo soy una mera herramienta en sus planes... estoy aquí, a tu lado, porque fui necesario. Mi pasado y mi futuro pasan por tí...»

El anciano fraile se puso en pie, salió de la fila de bancos y comenzó a caminar muy despacio en dirección a la puerta del fondo de la nave. Yo le seguía con la mirada... Cuando llegó al final, se dió la vuelta, y mirándome a los ojos dijo con una voz suave: «Nuestros caminos se separan aquí... no puedo decir precisamente que haya sido un placer conocerte, pero no me ha importado... Mi trabajo aquí ha terminado... Ahora debes escapar de aquí, no tardarán en descubrir mi cuerpo y eso te metería en más problemas. Si quieres salir sin ser visto, puedes usar la puerta de la sacristía... ¡Ahora vete! ¡Vete he dicho!»

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Ui, esta vez me has dejado realmente con la cosa de decir, joer, ya?? qué pasa después?? Bueno, confio en que pongas la otra entrega pronto... Un besito! MUAK!